(Capítulo de la historia El Luisón de Tacuaral 3ra parte, el acecho del cazador).
Kelá el inmortal.
Gerardo Alcaraz era una humilde persona, de estatura pequeña, con unos enormes ganglios en la mandíbula daba la impresión de que siempre estaba mascando náko, de hablar pausado y con la palabra justa decía solo lo necesario, el hombre que miraba de reojo como controlando todo era dueño de su silencio como si guardara un secreto inconfesable. A pesar de ser más Paraguayo que el guyrá campana tenía unos raros rasgos Camboyanos y por ello cualquiera diría que era pariente de “Káto”, aquel oriental ayudante del Avispón Verde, o que era primo hermano de “Comegato”, célebre personaje de las historietas de Condoríto.
Con machetes, con el ty'ãi , y con el cantaríllo para las jornadas de tereré (que siempre superaba a la jornada laboral), era común ver a estos hombres bajo la sombra de un árbol, mientras descansaban luego de vender por unos pocos Guaranies su no calificada fuerza laboral.
Kelá el inmortal.
Gerardo Alcaraz era una humilde persona, de estatura pequeña, con unos enormes ganglios en la mandíbula daba la impresión de que siempre estaba mascando náko, de hablar pausado y con la palabra justa decía solo lo necesario, el hombre que miraba de reojo como controlando todo era dueño de su silencio como si guardara un secreto inconfesable. A pesar de ser más Paraguayo que el guyrá campana tenía unos raros rasgos Camboyanos y por ello cualquiera diría que era pariente de “Káto”, aquel oriental ayudante del Avispón Verde, o que era primo hermano de “Comegato”, célebre personaje de las historietas de Condoríto.
Gerardo Alcaraz era cuadrillero de la
Municipalidad de Ypacarai, en la década de los '80 integraba un grupo de
jornaleros al mando de Leocadio Vera
Arrúa, alias Caío Vera, y eran los
encargados de que las calles, los baldíos y las plazas estén pulcramente mantenidos
y libre de malezas.
Con machetes, con el ty'ãi , y con el cantaríllo para las jornadas de tereré (que siempre superaba a la jornada laboral), era común ver a estos hombres bajo la sombra de un árbol, mientras descansaban luego de vender por unos pocos Guaranies su no calificada fuerza laboral.
Bajo la apariencia de un desamparado
de la fortuna y el saber, Gerardo Alcaraz más conocido como Kelá, pasaba sus
días manteniendo bien escondido el secreto de su verdadera identidad, esperando
con cierta impaciencia el momento en que el destino o mejor dicho, que su guía
espiritual, le autorizara revelar a propios y extraños su asombroso misterio.
Como habitualmente sucede con los
predestinados, Kelá nació en la pobreza absoluta, un pesebre sería un palacio
comparado con el rancho que lo acunó, sudaba pobreza, respiraba necesidad, olía
a frustración y se desvelaba en la esperanza de que algún día su vida cambiaría gracias al maravilloso DON que su ángel
de la guarda le había otorgado.
A lo largo de toda la historia de la
humanidad, los hombres destacados y que protagonizaron las más grandes epopeyas, siempre provinieron
de un origen paupérrimo cuasi – miserable y sin embargo llegaron a ser las
personalidades más poderosas que el mundo conoció, como ejemplo citaremos solo
a uno, el sujeto (o verbo) más influyente de la historia: Jesús, el carpintero.
Con la raíz encaramada en la nada,
sin herencia, sin ganado, sin apellido
de alta alcurnia, sin terruño y hasta sin bandera, estos hombres
demostraron que la riqueza o el linaje paniaguado no pueden comprar el poder,
en todo caso a través de la plutocracia puede ser detentado o usurpado momentáneamente, pero una cosa es tener
el poder y otra muy distinta es SER el poder.
Kelá había nacido con un poder
inconmensurable y prometido en los pasajes bíblicos: acompañar al mundo hasta
el fin de sus días, estando en el vientre de su madre el Arcángel le dijo que
sería distinto a los demás hombres, los del montón nacen y mueren le susurró al
oído, y luego le revelo su DON diciéndole: “El libro del cielo solo registra tu
nacimiento, ninguna tinta escribió la fecha de tu muerte, dice Indefinido y de
hecho la Parca no puede verte, tocarte y mucho menos llevarte”.
En sucesivas ocasiones la impaciencia
le había jugado una mala pasada a Kelá, vivía angustiosos inconvenientes en
el manejo de los tiempos, no podía revelar su secreto y potencial, debía
mantener en el anonimato su identidad perenne, mientras esperaba el momento en
que su Ángel por fin le diría que misión vino a cumplir en este valle de
lágrimas.
En el año 1983 y sin ser invitado,
fue a participar del cumpleaños de un Dirigente Colorado de apellido Vittone,
que jurando lealtad al Dictador Stroessner quería hacerse de las riendas
políticas en Ypacarai.
En las cercanías del Club el
Porvenir y tras recorrer un extenso paseo arbolado de imponentes eucaliptos,
Kelá llego a la residencia del autodenominado “nuevo caudillo” y de inmediato
se puso a beber por la salud del anfitrión.
Pronto el alcohol inundó sus venas y
convertido en impetuosa consejera, hizo aflorar en aquel diminuto hombre las
incontenibles ganas de que alguien sepa o conozca su increíble Don.
Desobedeciendo el mandamiento que le
hiciera su Guía ángel de la guarda, quien le había prohibido ingerir alcohol,
Gerardo Alcaraz no comprendía ni veía sentido en tener que callar lo que podía
hacer, de que sirve tener el poder o el DON que todo el mundo ansía si ni siquiera se puede fanfarronearlo murmuró.
Unas extrañas voces le susurraban
cosas en la mente, con una Alcoho-cefalía galopante pronto se imaginó
marginado, sentía que la concurrencia lo
ignoraba por completo, notó que nadie le
pasaba la mano, que nadie lo saludaba. O sea
no existía, era invisible a la consideración de la gente, no sumaba ni
restaba, si moría nadie se daría cuenta, estando vivo no era percibido y envuelto en una absurda
depresión concluyo que era un DON NADIE.
Entonces decidió gritar su verdad,
quería que aquella multitud supiera su
colosal superioridad, deseaba de manera ferviente verlos empequeñecidos ante su
fabuloso Don, que se postraran ante el como un semidiós invencible e inmutable
ante el tiempo.
Se bebió un fondo blanco de caña
blanca, se armó de coraje y como acto de fraternal lealtad decidió que el
primero en enterarse de su secreto sería su fiel amigo Luis Molas, más conocido
como “Lo'ito”, bohemio nocturno y mejor alumno del popular PINTO, mozo y
guitarrero estable del Bar Totín.
Lo'ito tuvo que ser internado de
urgencia luego de que Kelá le dijera: “Soy inmortal”, sus tripas le dolieron de
tantas carcajadas, el calambre laceró su espalda tras revolcárse en el suelo
en ataque de risa, y luego de una hora de incontenible jepuká, la ambulancia se
llevó a Luis Molas, quien a pesar de inhalar cloroformo para dormir, seguía con
un contagiante “ja,ja,ja” que matizaba con los ronquidos del profundo sueño al
que fue inducido.
Kelá no pudo soportar que su amigo no
le haya creído, furioso contra sí mismo y contra el DON que tenía fue hasta la
cantina, se apropió de varias botellas de caña blanca y sin despedirse de nadie
(de hecho sin que nadie lo notara), se marchó de la fiesta rumbo a lo
desconocido.
Herido en su amor propio decidió
renunciar a su destino, desistir de su Don, y luego de acabar con la bebida
espirituosa que traía como “avío”, quiso ponerle fin a su existencia arrojándose a las vías del Tren.
En medio de la oscuridad de aquella
madrugada, para ser más precisos a las 04:00 hs el Tren partía de Ypacarai rumbo a Asunción, con sus músculos y
tendones tensados como cuerda de arpa ,
Kelá se encontraba agazapado sobre el puente situado en las cercanías del
establecimiento ganadero de los Sforza y tras oír el tintineo y el
inconfundible pitar de la locomotora, como un velocista olímpico corrió a 120
kilómetros por hora y en un acto disparatado más que suicida, atropello al tren
luego de tomar impulso en las vías.
Siempre se pensó que Gerardo Alcaraz
había sido atropellado…en realidad fue el quien atropello al tren, aunque usted
no lo crea.
Tras un fuerte ruido que llego a todos los
rincones de Ypacarai, la portentosa Locomotora se llevó por delante el cuerpo
de Kelá, y luego de ser arrastrado por
200 metros quedo tendido al costado de
las vías y no fue hasta el amanecer, 4
horas después, cuando encontraron su cuerpo mutilado, bañado en un charco de
sangre, magullado e irreconocible.
Los que lo encontraron ni siquiera
llamaron una ambulancia, nadie podía estar vivo luego de semejante trauma,
metieron en una bolsa sus despojos y con el bulto sobre sus hombros, fueron
hacia el humilde rancho de Kelá, situado a pocos metros del lugar.
El amigo Isaac Villalba,
moderadamente Tacuaraleño y exageradamente Santaroseño, sabe exactamente de qué
estoy hablando, cuando aquellos hombres llegaron al domicilio de Anselma
estibando el macabro costal y antes de anunciar el hallazgo, se oyó una voz
diciendo en guaraní “Felicia, tere´hó e joguá cheve mortadela ta´ú”.
No era una voz de ultratumba, las
palabras provenían de la bolsa cargada por unos vecinos, era la voz de un
Gilgamesh Ypacaraiense, de un Matusalén
Tacuaraleño, o en pocas palabras: De un
Inmortal, era Kelá quien había despertado, estaba vivo, y con mucha hambre.
Cualquier estudiante de enfermería
sabe que protagonizar un trauma de las proporciones sufridas por el cuadrillero equivale a morir de manera inevitable de no
mediar pronto auxilio.
La Arteria Femoral por el que
principalmente fluye el torrente sanguíneo se encuentra en parte anterior del
muslo, cortarse una de esas venas
ocasiona una hemorragia que puede causar la muerte por desangramiento EN UNOS
POCOS MINUTOS, luego del trauma la vasoconstricción producida por la liberación
de una gran cantidad de adrenalina podría extender la agonía por unos cinco
minutos aproximadamente.
Kelá soporto estoicamente la
mutilación de ambas piernas, o sea de
ambas arterias femorales y CUATRO HORAS
después del accidente aún estaba vivo.
Reitero, una persona con un corte en
la arteria principal, sin la debida atención moriría 5 o pocos minutos después
dependiendo de la edad y otros factores. Luego de que la locomotora se lo
llevará por delante, Kelá seguía vivo
240 minutos después de cortarse ambas arterias, de perder 2 piernas y
tras haber sido arrastrado 200 metros por toneladas de acero sobre ruedas.
Tras el choque protagonizado por Kelá
y el tren, el hombre paso más tiempo en el hospital recuperándose de la resaca
que por haber sido literalmente despedazado por la colosal maquinaria ferroviaria.
Beber tres tambores de caña blanca le hizo más daño que la colisión, luego de un par de litros de suero, el inmortal de nuevo estaba en su casa sin piernas pero sin dolor y como si nada hubiera ocurrido; sin embargo los daños materiales ocasionados al tren nunca pudieron ser reparados, desde ese momento la locomotora quedo inutilizada y aquella madrugada de 1983 realizo su ultimo viaje.
Beber tres tambores de caña blanca le hizo más daño que la colisión, luego de un par de litros de suero, el inmortal de nuevo estaba en su casa sin piernas pero sin dolor y como si nada hubiera ocurrido; sin embargo los daños materiales ocasionados al tren nunca pudieron ser reparados, desde ese momento la locomotora quedo inutilizada y aquella madrugada de 1983 realizo su ultimo viaje.
Al otro día busco su machete,su ty'ãi y su cantarillo y quiso ir a
trabajar, pero olvido que ya no tenía piernas, sin duda tenía que buscar otro
medio de subsistencia, ya no podía vender su fuerza de trabajo, por lo que
dedico su tiempo a pensar y ver cómo podía hacerse de algún dinerito para
montar un negocio y ganarse la vida.
Meses después de ese accidente, Kelá vendía golosinas en una silla de ruedas
que tenía incorporado un mostrador tipo exhibidor de madera y partes de una
bicicleta para pedalear con la mano y moverse por toda la ciudad.
Así, sin piernas por no ceñirse a las reglas y los consejos de
su guía, el Inmortal subsistía vendiendo baratijas, ayudado por su familia que
jalaba o empujaba el vehículo o medio por el cual subsistían.
Fue muy tarde cuando por fin
comprendió que a pesar de detentar superioridades el hombre debe anteponer la
virtud de la humildad, que no debe avasallar a nadie, que debe utilizar su
potencial para lo bueno, lo justo y lo noble, y por sobre todo: Que debe honrar
a su familia que en las buenas y en las malas es quien lo acompaña. El hombre
que no es leal a su familia no puede ser leal a la sociedad, bastardea un falso
liderazgo apuñalando a su familia, que es el núcleo principal y la base de un
sistema organizado de relaciones que se establecen entre este conjunto de
personas.
Ya en su nueva ocupación y después de
nacer por segunda vez, Kelá vendía dulzuras intentando sacarse el amargo
sinsabor de la boca.
Una vez, luego de una ardua jornada
de ventas, como un Quijote sobre ruedas volvía a su casa acompañado de quien
era Dulcinea encarnada por su amada esposa Anselma, y de Felicia , su hija y Sancho Panza
escudera.
Cuando intentaban cruzar la avenida y
estando a mitad de la ruta número 2 Mcal José Félix Estigarribia , un despistado automovilista de origen
oriental se llevó por delante a
Kelá mientras su cortejo exclamo “para
que te quiero pata”,abandonando a su hidalgo QUIJOTE y escapaban como podían de aquel loco del volante.
Tras el impacto Kelá voló por los aires, y luego de innumerables volteretas propias de
trapecistas se estrelló contra el suelo partiendo el duro asfalto y levantando tanto
polvo que la noche se puso más oscura de lo que ya estaba.
Una lluvia de caramelos, chicles y turrones siguió a aquel infortunado
hombre en su involuntaria pirueta en las alturas, y a pesar de lo meloso de
aquella bonanza, la misma no contribuyó a endulzar la amarga situación por la
que acababa de pasar el humilde vendedor ambulante.
Aun anonadado por el shock, el
Oriental que lo atropello se dio el susto de su vida luego de comprobar que la victima ya no tenía piernas,
y pensando que fue el quién lo había mutilado tras embestirlo, cayó
desplomado al suelo desmayado a causa
de la impresión.
Algunos dicen que fue el mismo Kelá
quien llevo al Oriental hasta el Centro de Salud, distante a 3000 metros del lugar en donde
ocurrió el accidente, lo cargo
estoicamente sobre su silla de ruedas - mostrador - bicicleta, lo dejo en Urgencias y se retiró de
ahí, no sin antes regalar un bombón a la
enfermera, gesto de caballerosa
galantería que despertó los celos de Ansélma y por el que, esa noche como
castigo, nuestro inmortal gallo tuvo que dormir afuera y en compañía de sus
perros, por ser un “Ñaróto incorregible y consuetudinario”.
En la actualidad y luego de empaparme
con las historias de Kelá, me causa
mucha gracia cuando escucho a alguien decir que
aquel vendedor de caramelos murió.
Luego de su infortunio Kelá seguía
asistido por su mejor amigo llamado
"Lo'íto", y por consejo de este arriero al que consideraba un hermano, Kelá
fingió su muerte para borrar su identidad y perderse en la
clandestinidad, solo así podía estar
seguro de las acechanzas de los Yankis y los Rusos, que se habían enterado de su caso y vinieron
a Paraguay para estudiarlo.
Lo'íto
era el único amigo a quien
Kelá había confesado su secreto, y este,
temeroso de que los espías Norteamericanos y Rusos lo secuestraran para
diseccionarlo como a una rana en sus laboratorios, aconsejo al
inmortal quemar su propio
archivo, o sea fingir su muerte.
Una vez y convenidos de manera
inteligente con Lo'ito, Kelá de manera intencional dejo de respirar por dos
días y controlando sus signos vitales engañó al más mañero de los médicos y con 140 años de ejercicio de la profesión, el
Dr. Fernandez, quien firmo su certificado
de defunción.
Nadie lloro en el sepelio del
inmortal, en una sociedad de hipócritas la tristeza o las lágrimas se
exteriorizan o se vierten según el status del difunto. Depositado en una fosa
común, al 2º día Kelá reactivo el latir de su pulso sincronizando todos sus
signos vitales, y emergió de la tierra más vivo que nunca luego de ser
desenterrado por su fiel amigo Luis Molas alias Lo'íto.
Desde esa vez Kelá vive en el olvido
de la gente, aunque lo de “vive” es un decir, en realidad y para las apariencias murió en el registro
histórico, la memoria colectiva lo olvidó y lo archivó en el frío sitial de la
indiferencia.
De vez en cuando una oscura Limusina suele pasar y pasar
frente a la antigua casa de Anselma y Felicia,
en ocasiones el auto frena, la ventanilla se baja y el ocupante deja caer
algunas lágrimas en el suelo para luego proseguir viaje, se dice que es Kelá, quien cada tanto visita
su lugar de origen, luego
de volverse inmensamente rico tras sacar provecho al alquimismo, a cuyo secreto accedió a lardo de su incesante
existir
Puede que algunos no crean esta
historia, pero mi amigo Isaac Villalba o mi compadre Gustavo Zimmerliz pueden dar fe de lo que digo,
Ypacarai es misteriosa e impredecible,
ahí vivió Kelá, el inmortal, aunque un amigo esotérico me dijo que en
realidad aquel personaje era el misterioso JUDÍO ERRANTE.